Si estás planeando una ruta por el norte de España y crees que vas a poder tachar cuatro sitios al día porque en el mapa todo parece cerca, vas a acabar quemado. Entre las curvas de montaña, la niebla que de repente te frena en plena autovía y que a las diez de la mañana los tres parkings de cualquier pueblo costero ya están hasta arriba, aquí toca bajar una marcha.
Llevo años recorriendo el norte en coche: pisando barro en Asturias, perdiéndome por secundarias gallegas y buscando cómo aparcar en la costa vasca sin que me claven una multa. No escribo folletos de turismo; te cuento lo que me sirve a mí sobre el terreno, con lo que merece la pena y con lo que da pereza.
No te fíes de los tiempos que te marque el navegador en carreteras de montaña o tramos de costa: súmale siempre quince o veinte minutos si no quieres ir pegado al volante por curvas lentas o camiones. Además, en temporada alta, llegar más tarde de las once de la mañana a pueblos como Cudillero, Comillas o Getaria suele significar perder media hora dando vueltas solo para encontrar aparcamiento.
Lleva siempre un cortavientos o impermeable en el maletero aunque veas el cielo despejado; en la costa cantábrica el tiempo cambia sin avisar. Y un aviso importante: para puntos con aforos regulados como los Lagos de Covadonga o la Playa de las Catedrales, revisa los pases oficiales con días de antelación; si te plantas allí a la aventura, los vigilantes no te van a dejar pasar.
El fallo más típico al viajar al norte de España es querer ver los acantilados de la costa y los valles de montaña en una misma escapada de cuatro o cinco días. En el mapa las distancias parecen una tontería, pero cruzar de la costa hacia el interior implica meterte por desfiladeros y carreteras lentas donde rara vez vas a pasar de 40 o 50 km/h.
La costa (desde las Rías Baixas hasta el litoral vasco) es imbatible si buscas senderos pegados al Cantábrico, pueblos marineros y ambiente marinero. Pero ten en cuenta que en pleno verano se satura rápido: los parkings de las playas se llenan temprano y encontrar mesa sin reserva en pueblos como Llanes, Ribadesella o San Vicente de la Barquera a las dos de la tarde es una odisea.
El interior (los Valles Pasiegos en Cantabria, el Parque Natural de Somiedo en Asturias o la Ribeira Sacra en Galicia) te ofrece justo lo contrario: carreteras comarcales vacías, noches frescas donde se duerme con manta en pleno agosto y casas de comidas tradicionales donde todavía se para a comer sin prisas y a buen precio.
Si tienes pocos días, mi consejo es claro: no intentes abarcarlo todo. Elige si prefieres salitre o montaña, y echa un vistazo abajo a las rutas detalladas para planificar tu itinerario.
No intentes meterlo todo en la misma escapada. El norte se disfruta más cuando eliges una zona y te mueves en distancias cortas. Aquí tienes las paradas más interesantes agrupadas por comunidad para que elijas tu punto de partida:
Cada una de las entradas que ves abajo responde a una salida real. No me limito a recopilar los cuatro miradores más famosos ni a decirte que todo es «imprescindible»; en cada artículo desgloso el recorrido tal y como lo hice sobre la carretera, con los tiempos reales al volante, el desnivel si se trata de un sendero a pie y las horas que lleva completarlo sin ir con la lengua fuera.
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